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09 de Mayo de 2013

¿Por qué componer música? ¿Para qué?

¿Cuántas veces se habrán preguntado los compositores a lo largo de la historia por qué hacen lo que hacen? ¿Por qué componer música? O, más bien, ¿para qué componer?


¿Por qué componer música? ¿Para qué?

Fuesen cuales fuesen las respuestas que encontraron, si es que encontraron alguna, siempre hallaron motivos (por débiles o inefables que pudiesen parecerles) para continuar con esa tarea.Cualquiera que haya intentado algún trabajo creativo conoce bien el pánico a la hoja en blanco, la desesperación por la falta de ideas, la duda constante, la inseguridad, la frustración. Cualquiera que haya intentado algún trabajo creativo sabe bien que los éxitos suelen ser más bien modestos e infrecuentes, mientras que los fracasos se esconden a la vuelta de cada compás. Y, sin embargo, seguimos componiendo. Aunque no sepamos explicar por qué. ¿Por qué Philip Glass, después de fatigar las calles de Manhattan al volante de su taxi, robaba horas al sueño y dedicaba las noches a hacer música? ¿Por qué Messiaen, en la oscuridad de su barracón en el campo de prisioneros de Stalag, intentaba ganarse la amistad de un guardia nazi para procurarse papel y lápiz y componer su "Quatour pour la fin du temps"? ¿Por qué tantos compositores acumulan partituras inéditas que quizá nunca van a oír en otro lugar que no sea su propia cabeza?

"Música"  era, para los griegos, el arte de las musas. Aunque quizás la música sea, como a menudo se dice (y como ya dijo Leibniz), pura matemática. Pero la matemática no está exenta de emoción. A muchos nos gusta pensar que, como dijo Oscar Wilde, "la música es el perfecto modelo de arte porque no puede revelar su último secreto". Y quizás ese secreto sea el mismo que explica por qué continuamos llenando compases, buscando acordes, silbando melodías. Por qué seguimos ensuciando papeles con pulso vacilante. Por qué nos empeñamos en pasar las horas atrapados entre una mesa y un piano. Sólo de vez en cuando (muy de vez en cuando) creemos vislumbrar la explicación de ese secreto. Sólo algunas de esas raras veces en que podemos observar a los que escuchan nuestra música y ver cómo las notas que escribimos pueden humedecer una mirada, hacer temblar un gesto, provocar un suspiro. Como el suspiro que alguna vez se produce en ese instante inabarcable que se inicia cuando calla la música y termina cuando empieza el aplauso.

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